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Un proyecto en el que se radicalizó la valoración matérica de la pintura, explorando las cualidades fluidas y formativas del pigmento en sí. Una forma de insistir en la necesidad de trasgredir la pintura como materia, concepto y técnica. En esta exposición se mostró cómo se logra dominar lo imprevisto, la caída azarosa de la mancha, del chorretón, consiguiendo formas que tienden a la geometría irregular, círculos, puntas de gotas con nuevas tonalidades vibrantes y cautivadoras.
Un homenaje a la tensión entre la naturaleza líquida de la materia prima y el resultado sólido, táctil y pseudoescultórico de su pintura, combinando varios niveles de realidad: el fluir real del pigmento, la imagen audiovisual, la acción perfomativa y la obra de arte en sí.
En palabras del crítico de arte y comisario de la exposición, Alex Villar, “en él (FORNER) la mancha y el brochazo consiguen la libertad, la no supeditación a un medio, hasta alzarse con una condición icónica en la que vemos ecos de la abstracción postpictórica e incluso un guiño a Lichtenstein, en un continuo juego de pintura, azar y método.”
Jugador de pintura, 2019
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